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¿Qué considerar para hacer actividades con hijos e hijas de diferentes edades?

¿Qué considerar para hacer actividades con hijos e hijas de diferentes edades?

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Para hablar de conductas “inadecuadas”, quiero contextualizar que aparecen cuando empieza la locomoción  y tienden a disminuir cuando se consolida el lenguaje, cuando pueden verbalizar lo que les pasa. ¿Por qué? Porque el niño empieza a explorar el mundo y a sí mismo, se le dificulta identificar y nombrar lo que le incomoda o no le gusta. Las estrategias con las que cuenta son el gritar, golpear, morder, son las que usará… Lo que socialmente se entiende como “berrinche”, no es algo voluntario, es la expresión de la ausencia de una habilidad. 

Silvia Martínez, máster en Psicoterapia Infantil, en su “Entrenamiento para la intervención y manejo profesional de la conducta infantil y asesoría a padres” nos comenta las fases de la autorregulación:

  1. De los 12 a los 18 meses, los niños, con el afán de entender el mundo, realizan conductas intencionadas con el fin de descubrir ¿qué pasará? Por ejemplo, pueden  tirar un vaso para ver si se cae o no el agua, contrario a lo que mamá o papá podrían traducir “me está retando”. Es el momento ideal para enseñarle consecuencias lógicas: “Si la tiraste, la limpias.” Así, aprenderá que al tirar un vaso con agua, se cae y debe limpiarlo. 
  2. De 2 a 3 años, el niño se autorregula según las expectativas del adulto de aquello que recuerda. Por ejemplo, “la vez pasada que mamá me pidió que apagara la televisión, la volteé a ver, regresé la mirada al televisor y continué viéndola”. Mamá gritó “Nunca obedeces” y se fue. Por lo tanto, en su memoria se quedará: “Para seguir viendo la tele, es necesario voltear a ver a mamá y volver la mirada al televisor”
  3. A partir de los 3 años, hasta los 6, cuando madura la autorregulación, el niño o niña empieza a crear estrategias y a probarlas para identificar las que le son útiles para resolver su necesidad INMEDIATA. Si lo que quiere es quitar el control a su hermano pensará en estrategias: pedir, pellizcar o llorar para que lo regañen. La clave en estas edades es la MEDIACIÓN de los adultos. Por ejemplo, Pedro le pide a su hermano el control remoto, el hermano le dice “no”, Pedro lo pellizca, el hermano se va llorando y le avienta el control. Pablo aprende que pidiendo no obtendrá el objetivo, pero pellizcando, si. Ahora, con el mismo escenario y una mamá mediadora sería: Pedro lo pide, el hermano le dice que no, mamá, entra como mediadora. “Pedro te lo acaba de pedir, es tu turno de televisión, cuando acabe el capítulo, será el turno de Pedro”. Mamá se asegura que esto pase y Pedro aprende que pidiendo, puede lograr tener el control remoto.  

 

Como adultos tendemos a observar la conducta: pega, patea, grita. Haber desarrollado esta habilidad es una gran herramienta, es la mitad del trabajo. Poder identificar que una conducta no es la adecuada, me lleva a deducir cual es la necesidad emocional que está en proceso de consolidación. “Golpeó al hermano” Al investigar la situación, podremos identificar el por qué estaba frustrado, tenía que esperar su turno de jugar. Más que hablar del golpe, el hablarle sobre su frustración por esperar y cómo puede expresarla, le dará más herramientas para la siguiente situación en la que se frustre. Tras la  enseñanza, identificará que en vez de golpear puede esperar cantando, realizar otra actividad o proponer un juego nuevo. 

 

La psicóloga Gabriela Fernández, en su curso de “Apego seguro, niño seguro” en la plataforma “Casa Maestra”  menciona que los niños reaccionan por dos razones principales: 

  1. Necesidad de regulación emocional. La incapacidad por expresar las emociones de manera adecuada.
  2. Para buscar apego, es decir, acudir a la figura de apego principal (mamá, papá, cuidadora, abuela o maestra) para que le acompañe a calmarse. Es decir, no lloran para manipular al adulto, no. Al llorar, acuden al adulto con la confianza de que ellos saben cómo y podrán calmarlo. 

Aprendí del mstro. José Espeso, que una conducta inadecuada, comúnmente, puede aparecer como estrategia aprendida para lograr 4 objetivos. Es importante identificarlo para propiciar una nueva habilidad. 

  1. Buscando atención. Han aprendido que si llora, los adultos y otros niños, se le acercarán, buscarán calmarlo, cargarlo, juegan con él. Proponemos dos estrategias: 
    1. Asegurarnos de tener momentos de ATENCIÓN de calidad. Con el fin de “llenarle su vaso de atención”. Buscar que sean tiempos de presencia, juego, contacto visual y físico (abrazos, cariños). 
    2. Ignorar el llanto, no mirar al niño hasta que se presente calmado. “Cuando me lo pidas calmado, lo realizamos.” Entonces si, acercarnos a él y darle su momento de atención. 
  2. Con el fin de EVADIR o ESCAPAR y no realizar la indicación. “Es momento de recoger tus juguetes” Si el niño “evade”, ignorará y seguirá jugando. Si el niño “escapa”, presentará conductas reactivas: golpear, tirarse al piso, irse corriendo. Mamá se enoja “nunca obedeces” y los recoge ella. El niño aprende a que si ignora, sigue jugando, patalea o se va corriendo, mamá realizará la acción por él. Se recomienda, junto con el niño, llevar a cabo la indicación: “La instrucción es recoger (mientras se toma su mano y se coloca un juguete en su canasta” “Bien, ya recogiste.” 
  3. Para ACCEDER: “Si lloro, me compra dulces” Empieza a lloraren el súper, le compran su dulce. Lo seguirá haciendo hasta que le deje de funcionar. Aquí les recomiendo: 
    1. Enseñar cómo pedir: “Cuando lo pidas con este tono, podrás tenerlo”
    2. Indicarle cuándo podrá tenerlo: “Los días que vamos a casa de la abuela comemos chocolate, ¿hoy fuimos con la abuela?” 
    3. Anticiparle: Si sabemos que iremos a un súper, recordarle la regla: “Compramos un dulce especial cuando vamos a las tienditas chiquitas” 
  4. Por falta de habilidad para TOLERAR LA FRUSTRACIÓN. Entendemos que nos frustramos cuando no sabemos realizar algo. Los niños igual. La estrategia que les comparto es enseñarle la habilidad. “Guardamos los zapatos de esta manera, observa, hagámoslo juntos”, “Cuando esperamos, podemos cantar una canción en la mente, contar hasta 100, ir por un juguete, etc…” 

Identificar el motivo por lo que un berrinche aparece, me permitirá como adulto intervenir con la estrategia más adecuada. El niño/a se sentirá escuchado y seguro, aprenderá la habilidad que se le estaba dificultando y la relación adulto – niño mejorará. 

 

En las siguientes entradas del blog, te compartiré estrategias para prevenir el berrinche, calmarlos y lograr un seguimiento de instrucciones exitoso. ¡Síguenos leyendo! 

 

Te comparto algunos links que complementan este artículo 

 

https://www.casamaestraonline.com/courses/enrolled/285311

https://consciousdiscipline.com/

  • Licenciatura en Psicología.
  • Socia Cofundadora MERAKI – Psicología, Neuropsicología y Lenguaje.

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Lety Chambon

  • Licenciatura en Psicología.
  • Socia Cofundadora MERAKI – Psicología, Neuropsicología y Lenguaje.
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