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Mi Hijo Tiene Miedo

Mi Hijo Tiene Miedo

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“Pasamos por una casa, un perro ladró y desde ese momento ya no puede pasar por ahí”, “se regresa a mi cama porque tiene miedo”, “no quiere entrar a la fiesta porque hay muchos niños”. 

Probablemente hemos escuchado hablar del miedo, escuchamos nos invita a protegernos, avisa de riesgos, nos pone alertas con el fin de sentirnos seguros. El miedo se siente en los músculos grandes: brazos y piernas, para que podamos alejarnos del peligro. El miedo es temporal en el aquí y ahora. 

Como adultos, podemos observar el miedo de los niños en su cuerpo: tiemblan, están reactivos, gritan, corren, se quedan congelados. En ocasiones, ellos pueden identificar y nos platican sobre lo que les causa miedo, en otras solo con observarlos lo notamos. Este es el papel del adulto: identificar y leer a nuestros niños para acompañarlos y guiarlos nos digan que tienen miedo o no. 

“Me dijo que tenía miedo de que me muriera, le empecé a explicar por qué no pasaría”. Muchas veces, la intervención que realiza un adulto es cognitiva “no mi vida, siempre estaré contigo”. Es importante considerar los siguientes puntos: 

  1. Cuando yo estoy en modo alerta y me hablan o me explican cosas, me pongo más alerta. El cerebro cognitivo está bloqueado, las palabras, por lo tanto, me alteran más, necesita que lo ayudemos a tranquilizarse primero. 
  2. Lo que los niños buscan es la sensación de seguridad. Antes de los 6 años, los niños la obtienen de la presencia del adulto. Cuando yo le explico, la sensación no cambia, cuando lo acompaño primero a tranquilizarse, la sensación de seguridad se integra al cuerpo, entonces si estoy listo para conocer o manipular el objeto o situación que me causó miedo. 
  3. Aún tranquilos, necesito tener muchos momentos para familiarizarme con el objeto. Por eso, muchos niños no permiten que se les enfrente al estímulo la primera vez que están tranquilos. Como cuando empiezan a comer. Si introducimos la manzana, primero la tocarán, aplastarán, olerán, la untarán por su boca, la probarán y escupirán y cuando les sea familiar, ya podrán comerla. 
  4. Ante cualquier objeto o situación que detona el miedo, primero es necesario retirar el detonante. 
  5. No buscan eliminar el miedo. Sentirlo es una habilidad que trae muchos beneficios, es una herramienta que los protegerá siempre. Buscamos enseñarles nuevas formas de expresión con su cuerpo más asertivas. 
  6. Buscar que, en la calma, el niño externalice el miedo: lo dibuje, cante, juegue con algo parecido, le brinda la seguridad para saber que puede con él.
  7. El tema del miedo es que algo que se percibe como amenaza ya sea de manera real o no real. El miedo siempre es real, la amenaza puede o no serlo. El mensaje es ayúdame a sentirme protegido. 

En resumen, es necesario que el niño se familiarice con aquello que les da miedo. Los niños apenas están conociendo el mundo. Para propiciar la exploración, es necesaria la presencia del adulto para que lo realicen en calma y les enseñe poco a poco lo que ese objeto es. 

  • Licenciatura en Psicología.
  • Socia Cofundadora MERAKI – Psicología, Neuropsicología y Lenguaje.

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Lety Chambon

  • Licenciatura en Psicología.
  • Socia Cofundadora MERAKI – Psicología, Neuropsicología y Lenguaje.
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