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Mi hijo es obediente, ¿por qué lo aprendió?

Mi hijo es obediente, ¿por qué lo aprendió?

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He escuchado en maestras: “Ya le quité privilegios, lo dejé sin recreo, envíe notas a sus padres, pregunté a la psicóloga y coordinadoras y sigue sin obedecer!!!” En padres he escuchado: “Lo mando llamar 4 veces hasta que me desespero.: Regina guarda tus juguetes, Regina ya te dije que los guardes, Regina,  REEEGINAAA.” 

Como equipo de padres, podríamos tener un código de conducta establecido: hablarles respetuoso, evitar golpes, dar las órdenes con tono neutro. Y funciona, SI, siempre y cuando no estemos ante una situación de tensión. Cuando estamos en modo alerta o alarma, podemos atacar, huir o paralizarnos. Cuando algo nos DETONA, actuamos según los patrones de interacción aprendidos cuando éramos niños.   

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La Dra. Becky Bailey define el autocontrol en padres como la capacidad de acercarse a los demás, identificarse con ellos, aceptar y celebrar las diferencias, comunicar sentimientos directamente, resolver conflictos de forma constructiva y disfrutar el sentirse cerca y conectados con otras personas. Si, todo aquello que nosotros pedimos a nuestros niños que sean. ¿Dónde lo aprenderán? De los adultos significativos. Es hasta los 6 – 7 años de edad, que, por la madurez del cerebro prefrontal, los niños y niñas puede utilizar su metacognición. Es decir, la capacidad de uno de pensar en sí mismos. Hablando de desarrollo, es hasta esa edad en la que podrían controlarse por sí mismos, claro si el ambiente lo ha propiciado. Es decir, si se les ha enseñado. 

Como equipo de padres o adultos significativos, podemos elegir enseñar  y motivar a través del miedo o del amor. Anteriormente, la educación a través del miedo era lo socialmente aceptado. Hoy en día, podemos identificar lo que se instala tras algunas verbalizaciones. Te ejemplifico algunas de ellas: 

    • Temor al castigo:  “acábate la comida ahora mismo o ya verás.” 

 

  •  Pérdida del amor: “Si sigues llorando, te enviaré a tu cuarto.”

 

  • Temor a no ser suficientemente buenos: “Lo único que te pedí fue que limpiaras la mesa. ¿fue demasiado pedir?”
  • Miedo al abandono: “Si no estás listo cuando cuente hasta diez, me voy sin ti. ¡Hablo en serio!”
  • Recompensas y castigos: “Si te portas bien, te compro el juguete que quieras. Si no limpias ahora, no vas a ballet toda la semana.”
  • Razonar: Dándole a entender al niño que es malo, inútil o tonto. “¿Por qué le pegaste? ¿Te parece bien?” 
  • Miedo a fracasar: “Arréglate solito con tu hermano; no quiero chismes”
  • Miedo a perder la propia valía: “Nunca obedeces, siempre lloras, siempre me haces enojar, te sacaste 9, es decir, te equivocaste en una”

Ilustraciones por Isabel Urquiza

Si como adulto, identificas que así has sido educado y así lo estás aplicando, has hecho conciencia. Al haber sido educados con miedo, dependemos del miedo para educar, hasta que tomemos conciencia. El educar con miedo, da lugar a respuestas físicas de tensión en el niño, liberando la hormona del cortisol. Niveles altos de esta hormona, pueden dañar el hipocampo, encargado de la memoria y el aprendizaje. “Con razón, diario le pido que se lave los dientes y sigue sin aprender.” De hecho, está comprobado que al educar a través del miedo, la conducta indeseada aparece con mayor frecuencia. 

Al hablar de educar con amor, nos referimos a que el adulto identifica las situaciones de conflicto como un momento de enseñanza – aprendizaje. Si hay 8 conflictos durante el día, 8 momentos para enseñar. Se centra en aquello que quiere que suceda y lo enseña.  

Imaginemos a dos primos. Juan de 3 años y Alan de 7. A Juan le encanta jugar con Alan. Estaban en el patio juntos, cuando se escucha a Alan gritar: “Mamá, Juan me mordió”. Educar tras el miedo sería que el adulto llega con Juan, le indica que estuvo mal, que así nadie lo querrá, que es malo y que ya no puede jugar. Me queda la duda si Juan adquirió una habilidad para las siguientes ocasiones. Educar con amor sería: Mamá se acerca a Juan y le indica: “A ti te gusta jugar con Alan, no te gustó que se pusiera a jugar en su celular sin ti. Lo que le querías decir es que querías jugar fut. Cuando lo muerdes, no le queda claro lo que querías decirle. Intentémoslo juntos.” Ahora Juan, sabrá que hacer la próxima vez y la relación se mejoró. 

“Lety, me es imposible hablarles así, me detono muy rápido”. Te creo, pero también sé que es una habilidad que se adquiere y que puedes adquirirla. La primer labor es hacer conciencia de tu reacción. Empieza por hacer pausas antes de hablar, por buscar activar tu cerebro cognitivo o prefrontal. Evitarás educar en modo automático. Después te invito a nombrar la habilidad que no presenta tu hijo. “Lo que tu querías es pedirle jugar a fút”. Por último, ensayen juntos.                                                                               

Haciendo conciencia, respirando, identificando la habilidad que no presenta, nombrarla y enseñarla son formas de educar con amor. 

Te comparto el link del libro que me inspiró y complementa la información: 

https://consciousdiscipline.com/product/eduquelos-con-amor/

  • Licenciatura en Psicología.
  • Socia Cofundadora MERAKI – Psicología, Neuropsicología y Lenguaje.

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Lety Chambon

  • Licenciatura en Psicología.
  • Socia Cofundadora MERAKI – Psicología, Neuropsicología y Lenguaje.
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